Por motivo de un inesperado encuentro… (con Brayan de 9años)

mayo 3, 2010 at 1:12 am 1 Comentario

“No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Borges (1985)

En mi primer encuentro con Brayan, le pido me escriba su nombre, con dificultad y errores logra escribirlo. Le pido lo escriba en una cartulina y recorte las letras para pegarlas en otra hoja. Le pregunto, no sé porqué, cuál es su palabra favorita, él no parece entenderme (ni yo me entendía). Le explico, con palabras como “amor”, “casa”,” murmullo”, “hoja”. Él como por salir del paso, me dice “moto”, percibo que se refiere al objeto y no a la palabra. Mientras hace su trabajo, yo hojeo una revista en busca de una moto. No hay; Consigo un jeep. Le pregunto desde la retórica:

-“Esto es un jeep ¿y a ti te gusta…?”

Él desde su timidez responde:

-“A mi me gusta ayudar a las personas”

Todo cambió, entre él y yo, él me estaba dando la bófeta más tierna que jamás me habían dado, yo esperaba escuchar: “me gustan las motos” pero no… a él le gusta ayudar a las personas y, por supuesto le pregunte…

-“¿Cómo que ayudar a las personas?”

-“Si, cuando las mujeres han ‘rompido’ fuente, yo las quisiera llevar en mi jeep. Ellas esperan mucho tiempo a un jeepsero para que las lleve al hospital”

Este fue, ese día, mi instante en el paraíso. Pero el paraíso no estaba en lo tierno del momento, estaba en el golpe que Brayan sin querer me había dado y en las posibilidades que con el había generado. Yo preguntaba creyendo saber la respuesta, preguntaba desde mi prejuicio (“es un niño, seguro va decir esto…”). Brayan da un vuelco a nuestra relación, hace un quiebre y me dice en voz baja y al oído: tú no me conoces.

Lo que él quiebra es la información desde la que yo me estaba posicionando. Rompe la categoría “niño” que habita en mí. Cuestiona mis saberes; Haciéndome una invitación maravillosa: Vamos a conocernos ¿si?

De esto se trata, creo, la metodología “uno a uno” de poder exponernos al otro, de estar atentos a esas grietas que se van abriendo en nosotros y que sólo se podrán abrir si nos permitimos sentir al otro, y no al “niño”, sino a Brayan. Desde ahí, desde la sorpresa ante lo que nos pasa, ante ese siempre inesperado encuentro, posibilidades –¡muchas!- de hacer diferente, y ¿por qué no? ¡Mejor!, la experiencia educativa.

Cori

Abril2010

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1 comentario Añade el tuyo

  • 1. María Eugenia  |  mayo 7, 2010 a las 2:37 am

    Excelente! Te felicito. Precisamente en la praxis de la relación mutua nos educamos y socializamos. El niño forma al adulto y el adulto al niño en un proceso de transformación permanente, siempre y cuando, ambos estén abiertos a la creación de una nueva forma de relacionarse. Tienes razón, en Castoriaidis está presente esta idea.
    Por otro lado, el estilo cómo presentas lo vivido me gusta mucho.
    Mil felicitaciones por esta iniciativa y el trabajo. Lllegarás muy lejos. Es un privilegio para mi tenerte como estudiante. Saludos.

    Responder

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